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Brucelosis bovina: entender para avanzar



JUAN AUGUSTO HERNÁNDEZ RIVERA*


Jueves 16 de Abril de 2026 10:06 am


 

 

EN la producción pecuaria, algunas enfermedades no siempre se hacen evidentes de inmediato, pero sí dejan huella en la eficiencia reproductiva y en la economía del rancho. La brucelosis bovina, causada por Brucella abortus, es un ejemplo claro. ¿Por qué, a pesar de los avances en diagnóstico y prevención, sigue presente en distintas regiones? La respuesta no es única: intervienen factores sanitarios, manejo reproductivo y dinámicas propias de las unidades de producción. Comprender esto permite dimensionar su importancia y, sobre todo, actuar con oportunidad.

La brucelosis es una enfermedad infectocontagiosa que afecta principalmente la reproducción. Se manifiesta, en hembras, con abortos en la segunda mitad de la gestación, retención placentaria y nacimientos de crías débiles; en machos, puede presentarse como inflamación testicular y disminución de la fertilidad. Más allá del cuadro clínico, el impacto real está en la pérdida productiva: menos becerros, menor producción de leche y mayor desecho de animales. Además, su carácter zoonótico obliga a mantener prácticas de manejo responsables.

A nivel internacional, la evidencia muestra que la enfermedad no se distribuye de manera uniforme. Un análisis en América Latina estimó prevalencias cercanas al 4 por ciento, con valores mayores en sistemas extensivos, donde el control sanitario y la trazabilidad suelen ser más complejos. En contraste, en sistemas con vigilancia constante, las prevalencias tienden a ser menores, aunque difícilmente nulas. Esto sugiere que la clave no es solo la tecnología disponible, sino su aplicación constante.

En México, la estrategia sanitaria ha permitido avances importantes mediante acciones como la vacunación, el diagnóstico y la identificación de hatos libres. Actualmente, entidades como Colima se encuentran en fase de erradicación, lo que indica una reducción significativa de la enfermedad, pero también un compromiso sostenido para evitar retrocesos. Este estatus implica que el riesgo existe, aunque en niveles controlados, y que las decisiones en el manejo diario marcan la diferencia.

Diversos estudios coinciden en señalar factores de riesgo bien definidos: el ingreso de animales sin pruebas diagnósticas, la falta de cuarentena, el manejo inadecuado de abortos y la deficiente disposición de placentas y desechos. En unidades de producción donde estos aspectos no se atienden, la bacteria encuentra condiciones favorables para mantenerse activa. Por el contrario, prácticas sencillas como aislar animales recién adquiridos, realizar pruebas periódicas y mantener registros- contribuyen de manera significativa a reducir la transmisión.

En cuanto al diagnóstico, las pruebas serológicas como Rosa de Bengala y ELISA siguen siendo herramientas fundamentales. Aunque presentan limitaciones, su uso combinado permite tomar decisiones más informadas. Esto refuerza la importancia de trabajar de la mano con médicos veterinarios y laboratorios autorizados, especialmente cuando se busca certificar hatos o participar en esquemas de movilización animal.

Un punto que no debe pasar desapercibido es la relación entre la sanidad animal y la salud pública. La brucelosis puede transmitirse al ser humano, principalmente por contacto directo con fluidos contaminados o por consumo de productos no pasteurizados. Por ello, las buenas prácticas en la unidad de producción también tienen un impacto más allá del rancho.

La experiencia muestra que la erradicación de la brucelosis no depende de una sola acción, sino de la suma de decisiones cotidianas. Mantener la vigilancia, fortalecer la cultura sanitaria y adoptar medidas preventivas no solo protege a los animales, sino que también mejora la rentabilidad y abre oportunidades comerciales.

Al final, más que ver a la brucelosis como un problema distante, conviene entenderla como un indicador del nivel de organización sanitaria en nuestras unidades de producción. Avanzar hacia hatos libres no es únicamente una meta técnica, sino una muestra de compromiso con la calidad, la productividad y la salud de quienes dependen de esta actividad.

 

*Profesor de Tiempo Completo FMVZ-UdC e Investigador Nacional Nivel II-SECIHTI.