Indagar precios tiene enfoque científico, no la patita en mercado
CARLOS RAMÍREZ
Jueves 16 de Abril de 2026 10:09 am
UNA cosa es la
argumentación comunicacional de mensajes en Las Mañaneras y otra muy diferente
la falta de preparación para explicar fenómenos sobre todo económicos que
afectan la estabilidad del mercado. El problema de la inflación no es del
secretario de Hacienda como la patita que va al mercado a ver los precios, sino
que hay una instrumentación científica que se llama ponderación de precios de
decenas de miles de lugares de venta de productos en casi 60 ciudades de la
República. La presidenta Sheinbaum
mostró su indignación porque la tortilla tiene un precio en el mercado y otro
en el supermercado, pero la determinación de la inflación en ese producto es de
un promedio de miles de lugares donde se expende. Cuando empezó la inflación en
México, los periodistas financieros bromeaban diciendo que el Banxico -que
investigaba los precios- debía de revelar los sitios donde un kilo de tortillas
era más barato para ir a comprar ahí. Pero podría darse el caso de que la
tienda más barata estuviera en Tijuana y no en el mercado de la esquina. El Inegi hoy –que hace la
investigación sobre la inflación- tiene dos estadísticas básicas: la encuesta
desagregada de ingreso-gasto y el índice de ponderación de lo que cada
consumidor gasta en cada uno de los productos -y son cientos-, además de que
conoce los miles y miles de lugares de venta de cada producto en toda la
República, conjunta la información y saca los promedios –ponderados, sería la
palabra técnica- que luego se distribuyen en el reporte quincenal/mensual de la
inflación. Los precios se
establecen, incluyendo los controlados, en función del mercado porque ningún
comerciante vas a poner precios que ahuyenten a los consumidores. La
competencia en los precios, esencia de libre mercado, es lo que obliga al
consumidor ser más exigente en sus sitios de compra a partir de comparativos de
precios. Los precios tampoco se
establecen en función del artículo específico de que se trate. Economistas con
sentido común presentan como lección económica el chiste el caso de la tamalera
en la calle que subió el precio de su producto por un alza en el precio del
azúcar; un consumidor le reclamó con sensatez lógica una explicación razonable
porque los tamales no llevan el dulce, pero la respuesta de la comerciante en
la calle fue lo más sencillo posible: los tamales, no, pero mi cafecito sí, y
yo vendo tamales para vivir y comprarme mi cafecito. No se sabe si por
desconocimiento técnico, falta de preparación del tema o hasta por frivolidad
permisible en una conferencia de prensa que se habla de todo para hablar de
nada, el caso es que la presidenta Sheinbaum se sorprendió por el alza de
precio en el jitomate y en las tortillas en comparación de sitios de venta y
dijo haber instruido al pomposo y todopoderoso secretario de Hacienda para que
tomara su canastita del mandado y se fuera a revisar los precios al mercado. Para poder tener una
pulsación más o menos creíble, el secretario Édgar Amador Zamora debió -en caso
de cumplir la instrucción presidencial- de visitar cuando menos diez mil
mercados en 60 ciudades y hacer su propia ponderación. El índice de ponderadores
de gasto por producto es muy preciso: por ejemplo, se tiene el dato de cuánto
de su gasto total dedica un consumidor a comprar un kilo de tortillas y ahí se
puede percibir que una variación a la alza en el precio disminuye la disponibilidad
de recursos salariales y obliga al consumidor a dejar de comprar otros
productos para darle prioridad a las tortillas, y en caso contrario, el
consumidor pudiera tener recursos adicionales en el porcentaje de su gasto que
dedica a las tortillas si el precio baja en un día. Los ponderados de precio
son razonables porque se manejan con muy complicas fórmulas matemáticas que
funcionan en todas las economías capitalistas. Y luego viene la decisión
de regresar al populista control de precios para obligar a los comerciantes
-que son a su vez consumidores a través de sus utilidades de venta- a bajar
precios para que el pueblo no reclame, en lugar de identificar las razones del
alza de precio que corresponden a políticas públicas de desarrollo económico y
operar sobre ellas. Esto no es nuevo: lo inventó el presidente capitalista
neoliberal Miguel Alemán cuando decretó la intervención económica del Estado,
lo privilegió a diestra y siniestra el presidente Echeverría y los neoliberales
Miguel de la Madrid Hurtado y Carlos Salinas de Gortari salieron con su Pacto
de Solidaridad Económica que es la fuente técnica, política e ideológica del
populismo de López Obrador y el Acuerdo de Sheinbaum para luchar contra la
inflación a través del control de precios impuesto a la mala a los
comerciantes. El problema de los
precios no se va a resolver con el secretario de Hacienda y su canastita del
mandado supervisando precios y sin tener ninguna autoridad para sancionar
presuntas violaciones. Los precios finales se fijan con la suma de precios
relativos que corresponden a la política pública y desde luego con el
sobreprecio del vendedor como consumidor. Política para dummies: la
política está en el pueblo, si saben entenderlo.
carlosramirezh@elindependiente.mx
