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Quiénes están ganando realmente en los negocios



DAVID VILLARREAL ADALID


Jueves 16 de Abril de 2026 9:40 am


 

 

En los salones de juntas y en las charlas de emprendedores circula todavía el mantra de que para triunfar en un sector hay que ser, primero, un maestro técnico de ese oficio. Quien no domine los detalles más profundos del negocio, se dice, está condenado a fracasar.

La realidad, sin embargo, cuenta otra historia.

Sam Altman es el ejemplo más claro de nuestro tiempo. No es un científico de la inteligencia artificial ni un ingeniero con décadas de formación a sus espaldas. Aun así, está al frente de OpenAI, la compañía que hoy marca el ritmo en una de las tecnologías más disruptivas de la historia. Su talento no ha consistido en inventar algoritmos, sino en atraer a quienes sí los inventan, conseguir el dinero necesario para que trabajen sin distracciones, trazar una estrategia nítida y llevar esos productos complejos hasta millones de personas. En otras palabras, ha hecho lo que realmente hace un gran empresario: organizar talento excepcional.

Esta es la esencia misma de lo que significa crear una empresa. Desde que Ronald Coase explicó por qué existen las firmas, sabemos que su razón de ser es coordinar recursos y conocimientos que ningún individuo podría manejar solo. El verdadero emprendedor no es el que lo sabe todo, sino el que sabe juntar a quienes saben. Sabe elegir a la gente correcta, asignar recursos con inteligencia y tomar decisiones cuando la información es incompleta y el futuro, incierto.

La historia está llena de ejemplos que lo confirman. Steve Jobs no escribía líneas de código; Henry Ford no inventó el motor de combustión interna; Elon Musk no dibuja cada tornillo de sus cohetes. Lo que estos individuos aportaron fue algo más poderoso: una visión clara, la capacidad de ejecutar a gran escala y el liderazgo para que otros hicieran posible lo imposible.

Eso no significa que el conocimiento técnico sea irrelevante. Una empresa sin bases sólidas en su disciplina está destinada al fracaso. Pero ese conocimiento puede (y casi siempre debe) vivir en el equipo, no necesariamente en la cabeza del líder. El error más común es creer que ser un gran técnico equivale a ser un gran directivo. Son competencias distintas, y rara vez conviven en la misma persona con la misma intensidad.

Para países como el nuestro, esta idea resulta especialmente liberadora. Si seguimos pensando que solo los especialistas pueden emprender, estaremos dejando fuera a mucha gente con capacidad real de liderazgo. En cambio, cuando entendemos que el verdadero valor está en coordinar talento, se abre un horizonte mucho más amplio. Lo único que se necesita entonces es acceso a capital humano de calidad y la audacia para armar equipos mejores que uno mismo.

Al final, el éxito empresarial no se mide por quién sabe más que los demás, sino por quién consigue que los mejores trabajen juntos hacia un objetivo común. En un mundo cada vez más complejo y tecnológico, esa habilidad para orquestar conocimiento ajeno se ha convertido en la ventaja competitiva más valiosa. No es el experto solitario quien construye el futuro, sino el líder que logra que muchos expertos caminen en la misma dirección.

 

*Presidente de la Asociación de Egresados de Economía Ucol