El fracking y la soberanía
JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ
Viernes 17 de Abril de 2026 11:05 am
HABLA bien de la presidenta Sheinbaum que haya
adoptado la decisión políticamente costosa en términos de su propio movimiento,
pero clave para el desarrollo futuro del país, de asumir que el fracking es
indispensable para recuperar la capacidad nacional de generar la energía que
requiere México para su desarrollo. Lo hace contraponiéndose a una inflexible posición,
tan ideológica como errada, del expresidente López Obrador que ha tenido costos
altísimos para el país. Una posición que se contraponía con la experiencia y de
cualquier modelo exitoso de desarrollo. A inicios del sexenio pasado, tanto Alfonso Romo, en
ese entonces jefe de la oficina de la presidencia, como Julio Scherer Ibarra,
que era su consejero jurídico, le presentaron a López Obrador sendos proyectos,
muy similares, de empresarios nacionales que estaban dispuestos a invertir
miles de millones de dólares para la explotación de gas, vía fracking, y para
la construcción de gasoductos que llevaran gas a todo el país (hoy, sobre todo
en el sureste, pero también en zonas de la frontera, la carencia de gas es
determinante para que no se asienten inversiones). Asesorado por Manuel
Bartlett, que estaba al frente de la CFE, y que se cerró a cualquier inversión
privada en el sector, el expresidente rechazó los proyectos, elevó la
prohibición del fracking en términos legales, impulsó una regresión total en
las reformas energéticas que se habían realizado en los sexenios anteriores y,
con ello, condenó al país a la dependencia energética.
El
fracaso del modelo propuesto el sexenio pasado se exhibe en Pemex y en la
dependencia enrgética del gas importado de Texas. Hoy Pemex depende del apoyo
financiero del gobierno, lo que ha llevado a un mayor endeudamiento y reduce el
margen de maniobra fiscal, mientras que adeuda 25 mil millones de dólaresa a
sus proveedores, generando una crisis de liquidez para muchas pequeñas y
medianas empresas. Pemex
necesita un saneamiento integral, necesita romper con el burocratismo y los
lastres sindicales internos, acabar con el huachicol que es una sangría
permanente de la empresa y las finanzas públicas (y uno de los mayores
alimentos del crimen organizado y la corrupción política) y abrirse a la
inversión extranjera en la forma que se considere más conveniente, no hay
recurso público que alcance para revivir a Pemex y al sector energético del
país prescindiendo de la iniciativa privada. Lo
mismo sucede con el gas: ningún país es soberano si no tiene reservas de
energía para más de dos días si se cortan las importaciones desde Texas, con el
agravante de que esas mismas cuencas desde donde se explota y exporta el gas hacia
México se continúan en territorio nacional pero aquí no son explotadas porque
al prohibir López Obrador el fracking no había forma de hacerlo. En
la expropiación petrolera de Lázaro Cárdenas no se prohibió la inversión
privada ni la asociación de Pemex con empresas privadas, y las razones que la
determinaron en los años 30 del pasado siglo, tuvieron mucho que ver con la
voracidad empresarial pero también con la inminente segunda guerra mundial y el
interés de proteger el petróleo y la industria petrolera ante el conflicto en
ciernes: era parte también de los acuerdos que se tejieron en esos años con
Estados Unidos para preservar esa fuente energética. Pero el hecho es que por
eso mismo no se estableció en la reforma de Cárdenas la prohibición para
asociaciones o inversiones privadas. Fue el marco regulatorio de los sexenios
posteriores los que limitaron cada vez más esa participación.
La
empresa está quebrada pese a que el gobierno federal le ha traspasado miles de
millones de dólares y se ha embarcado en proyectos costosísimos como Dos Bocas,
casi 25 mil millones de dólares, el triple de lo considerado originalmente, un
costo difícil de devengar porque, por ejemplo, la refinería de Deer Park que
compró México en Texas, produce desde el día uno lo mismo que algún día
producirá Dos Bocas y su costo total, asumiendo incluso las pérdidas que tenía
de su operación anterior, fue de cerca de mil 600 millones de dólares.
