El caso Edith desnuda a la Fiscalía
JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ
Martes 21 de Abril de 2026 12:16 pm
NO hay nada más endeble en el sistema de seguridad
que las policías locales y las fiscalías. EL caso de la joven Edith Guadalupe
ejemplifica la profunda deficiencia del funcionamiento del sistema de justicia
y la ausencia de un mínimo proceso de cercanía con las víctimas. Cuando desaparecen en el país por lo menos catorce
mujeres cada día, cuando los familiares tienen hasta la información precisa del
último lugar donde estaba localizada la víctima, cuando se hubiera podido
actuar presteza, lo que recibieron los familiares de Edith fue, primero, la
negativa a hacerlo; luego la corrupción: el pedido de dinero para investigar;
más tarde le negligencia al haber llegado al lugar y retirarse porque no estaba
el administrador del edificio donde había desaparecido la joven. A todo esto,
en esas más de 24 horas de negligencia y corrupción, la familia, con sus
propios recursos, tenía ubicado el lugar del crimen y mediante un investigador
privado tenía hasta el video que mostraba a Edith entrando a ese edificio donde
se demostraba, además, que no había salido de allí. Hasta que la familia no se
movilizó y bloqueó durante horas la avenida Revolución, frente al edificio
donde Edith había desaparecido, la fiscalía no actuó. Y no pasa nada, tres funcionarios medios, menores,
fueron dados de baja, en los altos mandos de la fiscalía nadie se hace
responsable y la vida sigue igual. Apenas esta semana la fiscalía general de la
república anunció que la investigación de las desapariciones se convertirá en
su prioridad máxima, pero ¿qué prioridad puede haber cuando la mayoría de las
fiscalías locales, como vimos en el caso Edith Guadalupe, simplemente ignoran
el delito o le repiten el karma a cada familiar de una presunta víctima que espere
72 horas para presentar su denuncia? Según la mayoría de las investigaciones
serias, es casi imposible encontrar con vida a una persona tres días después de
su desaparición. El problema es la impunidad con la que se mueven las
autoridades. De la misma forma en que, ante una tragedia ecológica como lo fue
el derrame de Pemex en la sonda de Campeche, tienen que transcurrir 67 días
antes de que la autoridad reconozca lo sucedido y pese a ello, ningún mando de
la paraestatal o del Gobierno Federal se hace cargo de haberle mentido a la
sociedad y a la propia presidenta, en el ámbito de la seguridad, las desapariciones
y los feminicidios, no hay autoridad que asuma responsabilidad alguna. Lo vimos, en el caso de las desapariciones con el
informe del comité de expertos y lo estamos viendo con la visita del alto
comisionado de las ONU para los derechos humanos, Volker Türk. Cuando un
fenómeno de esta magnitud ni siquiera se reconoce plenamente, no puede haber justicia.
Cuando se exhibe un caso como el de Edith y ningún funcionario de alto nivel es
responsable, tampoco. Tenemos avances importantes en seguridad en el
ámbito militar, de la Guardia Nacional y en forma destacada de la Secretaría de
Seguridad Ciudadana. Los esfuerzos de coordinación, dentro y fuera del país,
son reales, pero es muy difícil avanzar cuando las policías locales, en su
mayoría, están cooptadas por el crimen, las fiscalías simplemente no funcionan
o son cómplices, y no judicializan los procesos con jueces, que con la reforma,
tampoco resultan confiables. No sólo prácticamente no se siguen de oficio muchos
de los delitos graves que se cometen, sino que tampoco se investigan los que,
como en el de Edith, se exhiben indicios sólidos como para saber que se cometió
un delito.
La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara
Brugada, anunció que tres funcionarios medios y de bajo nivel fueron dados de
baja por no investigar el caso de Edith; Bertha Alcalde, la fiscal, dice que
fue indignante que no se indagara. Pero no asume responsabilidad alguna. La
semana pasada se anunció que otros tres funcionarios de Pemex fueron dados de
baja por “ocultar” el derrame de crudo. Un crimen ambiental gravísimo que
ninguna fiscalía, ni local ni federal, ha investigado. Es como cuando en los
asesinatos se descubre, cuando eso ocurre, a los asesinos materiales, pero nunca
a los intelectuales o no se esclarece el móvil que lo generó. En realidad,
todos esos crímenes quedan en la impunidad, desde el derrame de Pemex hasta el
asesinato de Edith.
