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Morena: focos de alarma



CARLOS RAMÍREZ


Martes 21 de Abril de 2026 12:18 pm


 

 

A partir del criterio de que la política del bloque gobernante se maneja desde el Palacio Downton Abbey de Palenque y que la administración del Gobierno le corresponde a Palacio Nacional, el reacomodo en el partido Morena para imponer a Citlalli Hernández Mora como presidenta operativa electoral por encima de Luisa María alcalde Luján fue decidido por el presidente emérito Andrés Manuel López obrador.

Lo que queda por aclarar es si el relevo ocurrió tal y como lo contó la presidenta Sheinbaum Pardo en una Mañanera en el sentido de que su secretaria de Mujeres llegó a avisarle en frío que renunciaba al cargo para irse a Morena o si hubo de por medio alguna comunicación informal, rápida, directa o indirecta de Palenque, aunque para el caso es lo mismo: el gabinete sacrificó a una funcionaria que tenía más significados que resultados, pero con una tarea que iba caminando bien que mal.

El dato central que se analizó en Palenque tiene que ver con una batería de encuestas que ha revelado que Morena para las legislativas de 2017 apenas alcanza un techo de 37 por ciento y que en ese escenario era más que indispensable el amarre sin rodeos con el Partido Verde y el Partido del Trabajo. Y aunque ahora los dos asociados apenas sumen aproximadamente 20 puntos porcentuales, la mayoría calificada de 67 por ciento de curules estaría un poco más cerca, aunque en ciertos análisis morenistas se señala que una coalición sólida Morena-Verde-PT podría mandar el mensaje de posibilidades del piso legislativo.

Las encuestas político-electorales están mostrando una especie de hoyo negro electoral: tendencias de 37 por ciento para Morena, 17 por ciento para el PAN, un importante 13m por ciento para Movimiento Ciudadano y un 9 por ciento para el PRI, lo cual mostraría un 24 por ciento -casi un cuarto del total- que todavía no estaría mostrando tendencias electorales.

La disputa electoral de 2027 se convierte en la más importante del sexenio actual y de ahí la decisión del presidente emérito López Obrador para tomar el control político de Morena y operar al margen de las posibles explicaciones o justificaciones que pudiera obtener Palacio Nacional de las elecciones en las políticas públicas federal.

Asimismo, la prioridad de 2027 con miras a 2030 estaría mostrando lo que ya ha aparecido en los espacios político-electorales del corto plazo: la captura del INE actual sin una reforma lopezobradorista esperada en modo de la captura judicial y, por tanto, la clave fundamental de que la mayoría legislativa de Morena y sus aliados logren imponer tres consejeros electorales dependientes de los intereses morenistas.

Y también se estaría jugando con fuego -por el alto costo político como debate público- con la posibilidad de negarle el registro electoral como partido al grupo que aparece como la más fuerte coalición opositora: Somos México, organizado por experredistas, exlopezobradoristas, abandonadas por el PRI, el funcionariato del INE de Lorenzo Córdova Vianello y Ciro Murayama Rendón y, sobre todo, nombres que tienen alta repercusión en medios al vincularse con una fuerza electoral, porque allí estarían colando buena parte de los electores sin partido.

Como ocurrió con el proceso de sucesión presidencial, López Obrador va a manejar de manera directísima la sucesión presidencial de 2030, y basta con recuperar lo ocurrido con la candidatura perfilada -a pesar del juegos de apariencias- de Claudia Sheinbaum Pardo frente al juego perverso de manipular sentimientos y posibilidades de Marcelo Ebrard Casaubon, Ricardo Monreal Ávila y Adán Augusto López Hernández.

 

carlosramirezh@elindependiente.mx