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El discurso del embajador



JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ


Viernes 24 de Abril de 2026 10:47 am


 

 

AYER, se iba a colocar la primera piedra de un proyecto de inversión de metanol de ultra baja emisión en Los Mochis. Es una de las inversiones extranjeras directas más importantes de los últimos tiempos en el ámbito energético: 3 mil 300 millones de dólares. Durante el evento, que se canceló por bloqueos y manifestaciones en Los Mochis, el embajador Ronald Johnson de Estados Unidos pronunciaría un discurso, que se distribuyó por la propia embajada, que deja ver con absoluta claridad hacia dónde se debería dirigir la relación de EU con México, los desafíos y las oportunidades, cuáles son las demandas centrales que hace Washington y los términos extra comerciales de la renegociación del TMEC.

“La inversión, dijo el embajador Johnson, es como el agua: fluye cuando existen las condiciones adecuadas y desaparece cuando no las hay. Una cosa es clara: la inversión sigue a la certeza y se aleja de la corrupción. La inversión llega a donde es respetada, protegida y donde puede prosperar. Ninguna empresa comprometerá recursos donde las reglas no son claras, donde no hay transparencia o donde la rendición de cuentas es opcional. Si queremos que proyectos como este tengan éxito –si queremos que nuestro futuro compartido sea tan prometedor como puede ser–, ni la corrupción ni la extorsión deben tener cabida”.

Con corrupción, sin rendición de cuentas, sin transparencia y sin seguridad jurídica, sin erradicar la extorsión y la corrupción, no habrá ni inversión ni TMEC. De alguna forma esa es la traducción del discurso del embajador y no tiene ningún párrafo críptico. Y tiene razón: con corrupción y sin seguridad jurídica no puede haber inversiones. No se trata sólo de buenas intenciones.

Como hemos dicho muchas veces, se han dado avances importantes en el terreno de la seguridad, pero, por una parte, los grupos criminales están actuando de una forma diferente y están poniendo el acento en la extorsión y la apropiación de sectores productivos. Por la otra, la única forma de tener avances de fondo es rompiendo las redes políticas de protección y complicidad que son las que permiten actuar a los grupos criminales con la impunidad que denunciaba ayer el alto comisionado de las Naciones Unidas para los derechos Humanos, Valker Türk. Si se mantienen esas redes, todo criminal es reemplazable, más temprano o más tarde. Y además son esas redes las que frenan la inversión productiva como denuncia el embajador.

Es claro el diagnóstico y también que esos temas son parte de la renegociación del TMEC. Que pida Johnson que estemos atentos porque pronto habrá avances en este sentido, no es un mensaje menor.

Además, todo esto se da en un momento difícil en la relación. La visita de la presidenta Sheinbaum a Barcelona no cayó nada bien en la Casa Blanca: reunida con tres mandatarios que mantienen diferencias profundas con Washington, sobre todo en el caso de Pedro Sánchez y Gustavo Petro, los presidentes de España y Colombia respectivamente (la relación con Lula da Silva el mandatario de Brasil tampoco es fácil, pero se maneja por otros andariveles). La Cumbre fue vista por Estados Unidos y por todos los medios internacionales como una cumbre antiTrump convocada por Sánchez (en este momento el principal adversario de la Casa Blanca en la Unión Europea), y en la diplomacia estadounidense entendieron ese encuentro como un movimiento político de Sánchez en clave de política interna y para romper su creciente aislamiento en la UE, en un momento en el que incluso Trump se plantea armar una suerte de OTAN sin los países que, como España, rechazan apoyarlo en el confrlicto con Irán. No es en absoluto un tema menor ni coyuntural.

Por otra parte, todo el debate, con muchos sentidos ocultos, como un juego de cámara china, de los agentes de la CIA fallecidos en Chiahuahua, relacionado íntimamente con la colaboración entre México y Estados Unidos, la dura reacción presidencial, el reclamo del propio Trump y de la vocera Karol Leawitt por la falta de empatía presdiencial, muestran que las tensiones están a flor de piel a ambos lados de la frontera. Y las implicaciones de ese debate trascienden en mucho el tema, de por sí delicado, de Chihuahua.