EL PUENTE Y LOS BARROTES
VÍCTOR MANUEL VILLALOBOS CHÁVEZ
Viernes 24 de Abril de 2026 10:46 am
YA se inauguró el puente
del Arco Norte en el Tercer Anillo Periférico. Y como era de esperarse, antes
de que el concreto terminara de “asentarse”, las redes ya estaban en lo suyo:
que si el color, que si tardó demasiado, que si es símbolo de tal o cual… Mucho
ruido. Y sí, es normal que una obra pública genere conversación. El problema es
cuando la conversación se queda en la pintura y nunca llega a la estructura. Aquí entra un dato duro -incómodo,
pero útil- de teoría de redes y movilidad: la Paradoja de Braess (descrita
desde 1968) sostiene que agregar una vía a un sistema de tráfico puede empeorar
el tráfico. No es brujería: es comportamiento humano. Cada quien busca “su”
mejor ruta, y esa suma de decisiones individuales puede producir un resultado
peor para todos. En pocas palabras: a veces “más infraestructura” no significa
“mejor movilidad” si no cambia la lógica completa del sistema. Y ahí está la metáfora
perfecta para Colima -y para el autismo-: podemos inaugurar puentes, pero
seguir atorados si nuestra cultura pública se mueve por impulsos, pleitos y
atajos, en lugar de por acuerdos y derechos. Podemos discutir horas por el
color de los barrotes… y seguir sin hablar de lo que sí cambia vidas. Porque seguimos en el Mes
del Autismo. Y claro que se agradece cuando se anuncian acciones, cifras,
programas, buenas intenciones. Se aplaude lo que avance. Pero sería un
autoengaño pensar que con eso ya “se resolvió”. La pregunta de fondo es la
misma que con el puente: ¿qué estamos construyendo de verdad? El autismo -y la
discapacidad en general- no se transforma con simbología. Se transforma con
cimientos. Y los cimientos, en un enfoque de derechos humanos, tienen nombre:
garantías. Salud oportuna, educación inclusiva real, accesibilidad, inclusión
laboral y protección social. No como favores, no como “apoyos” esporádicos, no
como campañas. Como derechos. Y aquí viene lo
disruptivo: en redes sociales hay más gente queriendo tener opinión que gente
queriendo tener responsabilidad. Jonathan Haidt lo plantea con crudeza: muchas
veces primero sentimos “esto está bien o mal” y luego buscamos razones para
defenderlo; la razón se vuelve abogado, no juez. Así la masa se enciende, se
polariza y se siente heroica… sin moverse un centímetro. Ahí es donde conviene
un poco de estoicismo: menos reacción, más acción; menos “yo digo”, más “yo
hago”. Dale Carnegie lo diría de forma simple: si de verdad quieres influir
para bien, cambia la crítica por propuestas y el enojo por cooperación. Porque
discutir por el barrote es barato; construir el puente social es lo difícil. Y
ojo: esto no es un tema partidista. Es un tema de responsabilidad
institucional. La Paradoja de Braess nos
advierte algo más profundo: si todos buscamos “ganar” la discusión, terminamos
perdiendo la movilidad social. Si cada quien se va por su atajo moral -mi
bando, mi enojo, mi burla, mi descalificación-, la ciudad completa se
congestiona. Y el costo lo pagan, casi siempre, los mismos: quienes viven con
más barreras. Así que sí: celebremos el
puente. Pero no nos quedemos en el barrote. Porque el verdadero puente
pendiente en Colima es otro: pasar del asistencialismo al enfoque de derechos;
de la discriminación a la inclusión; de la “conciencia” de un mes al acceso completo
de todos los días. Si hoy vamos a discutir,
que sea para construir. No el color del metal, sino el peso de los cimientos.
Porque las obras se inauguran en un día… pero la dignidad se garantiza todos
los días.
*Director Ejecutivo de la
Fundación de Autismo TATO y Vicepresidente de Responsabilidad Social ante la
Canaco Colima
