La izquierda latinoamericana ante 2026
DAVID VILLARREAL ADALID
Martes 28 de Abril de 2026 11:38 am
LA
izquierda latinoamericana llega a 2026 ante una prueba de enorme dimensión
política. No se trata únicamente de conservar gobiernos, sino de mantener
influencia en países que pesan de manera decisiva en la economía, la diplomacia
y el equilibrio regional. Brasil, Colombia y Perú concentran juntos cerca de
3.08 billones de dólares de PIB nominal, alrededor del 43 por ciento de la
economía latinoamericana y caribeña. Si la izquierda retrocede en esos
territorios, el golpe sería mucho más que electoral. Brasil
es la pieza central. Por tamaño económico, peso demográfico y capacidad
diplomática, ninguna fuerza progresista latinoamericana puede compensar
fácilmente una derrota ahí. Lula sigue siendo competitivo, pero el bolsonarismo
mantiene fuerza social, estructura política y capacidad de disputar una segunda
vuelta. Una derrota de la izquierda brasileña significaría perder el principal
eje sudamericano de articulación regional. Colombia
tiene otra lectura. El desgaste del gobierno de Gustavo Petro, la inseguridad y
la polarización abren espacio para discursos de orden y mano dura. Aunque el
progresismo conserva opciones competitivas, la continuidad no está asegurada.
Perder Colombia tendría un efecto simbólico fuerte: debilitaría uno de los
experimentos más relevantes de la izquierda reciente en un país históricamente
difícil para ese campo político. Perú
aparece como el terreno más frágil. La fragmentación partidista, la alta
indecisión y el rechazo a la clase política dificultan la consolidación de una
candidatura progresista fuerte. En una elección dispersa, la izquierda puede
quedar desplazada sin necesidad de una derrota ideológica clara, simplemente
por falta de estructura, liderazgo y confianza pública. Si
Brasil, Colombia y Perú salen del campo progresista, el mapa latinoamericano
cambiaría de manera profunda. La izquierda conservaría presencia en países como
México, Uruguay, Bolivia, Honduras y algunos espacios del Caribe y
Centroamérica, pero perdería buena parte de su capacidad sudamericana. El
centro de gravedad regional se movería hacia gobiernos liberales, conservadores
o de seguridad dura, con agendas más orientadas al control interno, la apertura
económica selectiva y el alineamiento pragmático con Estados Unidos. La
pérdida sería económica, narrativa y diplomática. Económica, porque sin Brasil
y Colombia la izquierda perdería una parte sustantiva del aparato productivo
regional. Narrativa, porque el progresismo dejaría de presentarse como una
tendencia continental en expansión. Diplomática, porque tendría menos fuerza
para coordinar posiciones comunes frente a China, Estados Unidos, la transición
energética, la política industrial y la integración regional. La
elección de 2026 medirá algo más profundo que alternancias nacionales. Definirá
si la izquierda latinoamericana conserva capacidad de conducción regional o si
entra en una etapa de repliegue. La cifra resume la dimensión del riesgo: casi
la mitad del peso económico de América Latina podría quedar fuera de su órbita
política.
*Presidente
de la Asociación de Egresados de Economía Ucol
