Trump: la cola mueve al perro o victoria política por narrativa
CARLOS RAMÍREZ
Martes 28 de Abril de 2026 11:39 am
La referencia ya
realizada a la película Wag the dog es recurrente en sucesos públicos
conflictivos que involucran al presidente Donald Trump. La razón es sencilla:
el filme cuenta la historia de que asesores de la Casa Blanca contrataron a
expertos en comunicación para distraer la atención nacional de presuntas
acusaciones de abusos sexuales del presidente con infantes y la salida era
fabricar una guerra con Albania. El concepto de “wag the
dog” se refiere a un juego de palabras que reinterpretan el tema de que el
perro mueve la cola y se llega la propuesta de comunicación política de que la
cola debe mover al perro. Existen -de modo natural-
ya las primeras versiones de teoría de la conspiración que refieren el hecho de
que el incidente del sábado 25 en el hotel donde se realizaba la cena de
corresponsales de la Casa Blanca habría sido fabricado por operadores de
comunicación para distraer la atención que se estaba centrando en el fracaso
político de Trump en Irán, al asunto Epstein, a la caída ostensible de los
porcentajes de aprobación y a la cercanía de las elecciones inminentes en
noviembre para refrendar la mayoría demócrata a las dos cámaras o regresar el
poder a los republicanos o cuando menos una de las dos. Los elementos de la
conspiración están a la vista: un oscuro profesor californiano, demócrata,
votante por Kamala Harris, se armó nada menos que de un rifle con poca
capacidad de utilización automática, de una pistola y de varios cuchillos y su
intención declarada en un nanomanifiesto -menos de una cuartilla- y bueno
atacar a todo el gabinete, a los jefes de los poderes legislativos y al
vicepresidente, pero con una estrategia que mostró desde el principio que era
imposible romper el círculo de protección del Servicio Secreto. Cómo era obvio,
el atacante fue arrestado, el presidente Trump aprovechó la conferencia de
prensa para darle la vuelta a la tortilla mediática y convertirse en el centro
de la conspiración por lo que dice que está logrando en el mundo y hasta se
permitió el juegos mediático de ir al programa de televisión 60 minutos -donde
hay odio mutuo- a indignarse por la acusación el manifiesto agresor de que era
un pedófilo por Epstein, con lo cual tomó el control de la narrativa frente a
una sociedad indignada por el intento de magnicidio. No habrá elementos
formales comprobatorios de una conspiración, pero los estadounidenses son
expertos en teorías de la conspiración. Nadie puede improvisar por sí solo y
con armas medianas un intento de magnicidio contra el presidente de Estados
Unidos, inclusive cuando se demostró que ni siquiera la distancia con
francotirador en Pensilvania en 2024 hubiera podido tener éxito por la lejanía
del tiro, la velocidad del viento, la dimensión de la luz y detalles más
especializado que todo francotirador debiera conocer. Con la habilidad de un
personaje producto de la imagen, Trump se apoderó ya de la narrativa del
incidente de la noche del sábado 25, tomó el control de los acontecimientos en
la explicación mediática con una conferencia de prensa que sería de dos preguntas
y que terminó en un mitin que le aplaudieron los propios periodistas, de manera
indirecta excluyó buena parte de la argumentación del expediente Epstein que lo
venía persiguiendo desde hace varios años y no entregó premios de periodismo a
los denunciantes de Epstein. Cuando menos en la lógica de Trump, el expediente
recibió ya un carpetazo mediático en una conferencia de prensa que pasó a la
historia mundial de la comunicación televisiva manipuladora. El problema de los
analistas para evaluar acontecimientos conflictivos radica en los territorios
mismos del debate: los analistas están obligados a basarse en hechos probados
de incidentes con elementos periciales que pudieran transitar en los tribunales
legales de EU, en tanto que los políticos no se preocupan por la frivolidad de
afirmaciones contundentes para las cuales no necesitan elementos probatorios. Y ahí es en dónde la
película citada aporta los elementos necesarios: la racionalidad de discusión
mediática debe probar que el perro mueve la cola, en tanto que la comunicación
del poder con mucha facilidad hace que la cola mueva al perro. analítico para
interpretar el suceso.
@carlosramirezh
