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20 de enero, diez natalis de San Sebastián



Francisco Jesús Pérez Medina

Sábado 20 de Enero de 2024 8:00 pm

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Sebastián fue un tribuno romano y guardia personal del emperador en el siglo III, Diocleciano, quien al descubrir su fe por el cristianismo y rechazar la religión romana, le sentenció a morir con una de las formas más tardías y dolorosas: ser atravesado por fulmíneas flechas, atado a un árbol o columna, en las partes de su cuerpo sin tocar órganos vitales lo que alentarían el sufrimiento, suplicio y la agonía hasta su muerte. Los verdugos encargados de su ejecución cumplieron, parcialmente, su encargo hendiendo flechas sobre su cuerpo, quienes al creerle exánime, lo abandonaron siendo rescatado por creyentes de la naciente fe cristiana, logrando restablecer su salud con muchos cuidados. Sin embargo, desoyendo los consejos para que se ocultara de la ira del emperador, él decidió mantener su labor difusora de la nueva fe, siendo por ello, nuevamente, sentenciado a muerte por azotes y latigazos, iniciando así, el motivo de su santificación.

La creencia en San Sebastián como protector ante los cuatro jinetes del apocalipsis: la muerte, las hambrunas, guerras, y, de manera destacada, las epidemias -nombradas comúnmente en esa época como pestes o pestilencias-, tiene su origen al difundirse como un sobreviviente de la sentencia de muerte del mismo emperador y lograr escapar de ésta, herido por saetas o flechas dado que, durante la Edad Media, se asoció a las flechas portadoras de las epidemias basándose en la obra clásica de Homero, La Ilíada en el Canto I Peste-colera “[…] Apolo, indignado, suscita una terrible peste […] mas (sic) luego dirigió sus amargas saetas a los hombres” y, también, por las citas bíblicas en el Salmo 64, versículo 7: “Mas Dios los herirá con saeta [flechas]; de repente serán sus plagas”.

Así, el fervor hacia quien se oraba preveniente de las pestes se ilustró hendido de flechas en los retablos con su imagen y esculturas dedicadas a San Sebastián -en la fachada a un costado izquierdo de la Basílica Menor de Colima se encuentra prevaleciente, aunque esta escultura de cantera no fue esculpida en la época virreinal, perdura su ilustrada presencia-, este sería quien les protegería cuando brotaran.

Fueron los mendicantes franciscanos que, de manera formal e institucional asumirían, en igual número que los primeros apóstoles, para difundir la fe y predicar en tierra de infieles “enviados por el Reverendísimo Padre Fray Francisco de los Ángeles, entonces Ministro General de la Orden de San Francisco” contando, para ello, con el permiso y bendición de la máxima autoridad de la fe cristiana a quienes, por medio de bula papal de León X, les otorgó la autorización y bendición el 25 de abril de 1521 para que pudieran “predicar, baptizar, confesar, absolver de toda descomunion, casar y determinar las causas matrimoniales, administrar los sacramentos de la Eucaristía y Extramauncion”.

Los doce franciscanos arribaron a la Nueva España en mayo de 1524, siendo recibidos por Hernán Cortés, “el gobernador acompañado de todos los caballeros españoles y indios principales que para el efecto se habian juntado, les salió á recibir y puestas las rodillas en tierra, de uno en uno les fué besando á todos las manos, haciendo lo mismo D. Pedro Alvarado y los demás capitanes y caballeros españoles”, a quienes exhortó públicamente para que, a partir de ese momento, “Oid su doctrina, y obedeced los en lo que os aconsejaren y mandaren, porque esta es mi voluntad y la del Emperador nuestro señor, y la de ese mismo Dios que á estas tierras nos los envió”.

En el territorio de Colima, es posible inferir su presencia por la crónica de Fray Antonio Tello “en cuyo tiempo pasó para Colima [1524] un capitán qué se presume sería Francisco Cortés de San Buena Ventura [quien propuso un clérigo para doctrinar en Tuxhpan, a quien no quisieron] por estar bien hallados con los religiosos de San Francisco, nuestro padre […] fue por primer guardián el P. Fr. Juan de Padilla, llevando en su compañía al P. Fr. Francisco de Pastrana, religioso lego, y este bendito padre, estando en Tzapotlán, acudía á la conversión de la provincia de Amula y de Tzapotitlán, y á las de Colima”.

¿Fue la presencia de una epidemia, la causa de la nombradía de San Sebastián en la villa de Colima en el año 1532, fecha cuando se describió, por instrucciones del emperador, Carlos V, la tierra descubierta, siendo el ejecutor de ésta el presidente de la audiencia de México, el homónimo obispo Sebastián Ramírez de Fuenleal?, ¿existirán fuentes primarias que sustenten esta factible premisa, que modifique el cambio temporal de nomenclatura de la villa a San Sebastián como el argumento de una villa despoblada y mudada en 1526 o 1527?, ¿la conmemoración, el 20 de enero en el diez natalis de San Sebastián, obliga reflexión de los habitantes de Colima para retomar advocación para protección ante la presencia de las epidemias?

 

Bibliografía

BIBLIA: Salmo 64, versículo 7 [Consultado el 17/07/23]. Disponible en https://www.bible.com/es/bible/149/PSA.64.7.RVR1960

Fray Toribio de Benavente (Motolinia), Relaciones de la Nueva España, México, UNAM, 1956, p. 57.

Homero, La Ilíada, CANTO I Peste-Cólera. Siglo VIII a.C. pp 3 y 5 [Consultado el 10/10/23]. Disponible en http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/Colecciones/ObrasClasicas/_docs/Iliada.pdf

Jerónimo de Mendieta, De la historia eclesiástica indiana, cap. V. ed. Por Joaquín García Izcalabalceta (en formato HTML). Pub. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 1999. 

Libro IV, De la historia eclesiástica indiana, Jerónimo de Mendieta, Historia eclesiástica indiana. Disponible en https://www.cervantesvirtual.com/obra/historia-eclesiastica-indiana--0/

Francisco Jesús Pérez Medina



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